Un nuevo año para defender un modelo de juego presencial responsable, humanizado y bien regulado, por José Vall
Debemos comenzar el nuevo año con un mensaje de felicitación y buenos deseos, pero también reiterando un mensaje de compromiso: compromiso con la sociedad, con nuestros clientes, con las administraciones públicas y, sobre todo, con las empresas de este sector. El sector de los salones de juego viene de atravesar unos años de mucha intensidad, e incluso situaciones de asfixia normativa. Ello ha obligado a las empresas a realizar grandes esfuerzos y a una racionalización de un sector que ya ha tocado techo y cuya curva ahora es claramente descendente. Ello, además, ha tenido resultados evidentes: llevamos muchos años demostrando que los controles funcionan y que el empresariado ha actuado desde siempre con seriedad y mucho rigor.
Esta realidad debería invitarnos a reflexionar sobre la idoneidad de determinadas medidas sancionadoras, porque no podemos aceptar respuestas automáticas ni desproporcionadas ante situaciones puntuales que, en ocasiones, se producen mediante engaños o fraudes ajenos a la voluntad del empresario. Es necesario abrir un debate sereno sobre la responsabilidad real de las empresas cuando cumplen la normativa, forman a sus trabajadores y aplican protocolos estrictos. La buena regulación exige proporcionalidad, seguridad jurídica y coherencia, algo que hoy echamos en falta, especialmente si lo comparamos con el trato regulatorio mucho más laxo que reciben los operadores de juego públicos como SELAE y la ONCE.
Las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial han venido para quedarse y, sin duda, deben ser una herramienta muy útil para nuestras empresas, como por ejemplo la discutida biometría como herramienta de mejora de los procesos de control de acceso. Pero no debemos olvidar que nuestro verdadero valor diferencial sigue siendo el factor humano. Nuestros trabajadores y trabajadoras conocen a sus clientes, les procuran un trato cercano y humano, están formados para atenderles y, si es caso, actuar de la mejor manera. Generan un entorno de confianza que no puede ser sustituido por ningún algoritmo. Esta cercanía y este trato personal nos diferencian claramente del juego online y de otras manifestaciones de juego, y constituyen uno de los grandes valores de los salones: la relación social y la humanización de la actividad, que no podemos permitir que se diluya.
Por todo ello, debemos seguir siendo persistentes en la aportación de datos que acreditan lo que somos, y alertar de una sobrerregulación que está provocando la desaparición de pequeñas y medianas empresas. Debemos normalizar nuestra actividad en otras materias como los medios de pago y otras cuestiones, sin que ello suponga obviar los controles oportunos que se han demostrado eficaces. En este camino, el trabajo de ANESAR y de su red de asociaciones integradas ha sido y seguirá siendo esencial para defender con determinación un marco regulatorio justo, equilibrado y coherente, sin perder nuestras señas de identidad.
